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Observatorio Subterráneo
ENTRE LO NATURAL Y LO ARTIFICIAL
Espacios del anonimato
Los contornos emocionales de nuestras ciudades cambian permanentemente. Las fronteras se desdibujan para construir nuevos lugares. Cuando los abandonamos y al tiempo regresamos a ellos percibimos los contrastes. Lugares que antes convocaban a las reuniones de amigos, a trabajar o a divertirse, desaparecen lentamente sin cuidado. Arruinados, adquieren un significado nuevo, nostálgico, mágico. Vacíos y cayéndose a pedazos comunican un pasado del que fuimos protagonistas. Hoy obsoletos y muertos.
Dejamos rastros de nuestra presencia como seres naturales que somos. Las herramientas que usamos para situarnos en el paisaje dibujan marcas en el suelo que serán el reflejo de la sociedad que fuimos y de los lugares que creamos. Estos lugares están llenos de discursos y recorridos, relaciones humanas e historias. Cuando nada de esto sucede, cuando la identidad desaparece, las relaciones se esfuman y la historia se olvida, el lugar se transforma en un espacio anónimo, o como Robert Smithson denominaba un «non-site».

En 1985, Ángel Morales, profesor de física atómica y nuclear de la Universidad de Zaragoza se adentró en el antiguo túnel ferroviario de Somport que comunicaba a los aragoneses con Francia. Para establecer a 850 metros de profundidad su laboratorio y observar con él el cosmos.
El profesor aprovechaba la masa de la montaña del Tobazo para filtrar la radiación del universo y crear el llamado “silencio cósmico” necesario para sus experimentos con la materia oscura y los neutrinos. Estos laboratorios han ido creciendo dentro del túnel abandonado dándole un nuevo uso, un nuevo significado.
Hoy en día estos laboratorios necesitan una infraestructura de apoyo en superficie para seguir avanzando en otros campos de la astrofísica y la geodinámica. Talleres de ensayo, laboratorios, espacios que fomenten las relaciones profesionales, zonas públicas de divulgación científica o residencia serán los nuevos usos que se localizarán en la portada túnel y se conectarán con los laboratorios a través de los antiguos railes del tren.
Nos situamos, por tanto, en la portada del túnel de Somport, al pie de las montañas que conforman la cabecera del río Aragón. En un paisaje que se caracteriza por el frío, las imponentes montañas y la historia militar alrededor de la Estación Internacional de Canfranc.
El proyecto se concibe desde el interior de la montaña como una extensión de los laboratorios subterráneos en la superficie. A 850 metros de profundidad se crean amplios espacios de trabajo, ambientes tensionados resultado de la contención masiva de tierra y roca.
La idea principal del proyecto es ampliar los laboratorios del interior de la montaña manteniendo el ambiente tensionado. De esta forma el visitante experimentará la sensación de trabajar bajo la montaña sin estarlo realmente.
Esta tensión se percibe a través de la secuencia en paralelo de bóvedas de cañón de distinto tamaño que van apareciendo según vamos alejándonos del túnel.
La bóveda es por tanto, la estructura, la que imprime el carácter a los distintos espacios y por su condición longitudinal la que distribuye los usos. Alrededor de los patios se articulan y se diferencian los espacios.Zonas más estáticas propios de los talleres y laboratorios se sitúan más enterrados y cercanos a la entrada del túnel.
Espacios más dinámicos que favorecen las relaciones interdisciplinares y las exposiciones de las investigaciones se sitúan en el centro. Se diferencian la zona de acceso público a través de la rampa circular y la zona destinada a la residencia temporal de los científicos más apartada y privada.




Visto desde el exterior el proyecto emerge de la montaña como un gran zócalo masivo de hormigón. El negativo del túnel que se fragmenta y se vacíza para luego habitarlo.
Se crean, por tanto, dos mundos. Abajo un espacio para la investigación protegido por la tierra e iluminados por patios y lucernarios. Arriba una plaza con vegetación autóctona y depósitos de nieve que servirán de aislante térmico al edificio.
El agua de la nieve se filtrará en la roca y se almacenará en los aljibes subterráneos, donde se tratarán y distribuirán por las galerías para su reutilización en los laboratorios y aseos.
Estas galerías subterráneas, ventiladas a través de pozos canadienses, aprovechan la inercia térmica del terreno para distribuir las instalaciones. Además, se instalan bombas geotérmicas para aprovechar la energía calorífica del interior de la montaña.






Las bóvedas son la estructura, trabajan conjuntamente y de manera óptima cuando reciben la carga del estrato de tierra y nieve de forma vertical y homogénea. La distribuyen a través de elementos prefabricados sobre los nervios de la lámina continua de hormigón.
Esta lámina de espesor variable, entre 10 y 20 cm, va adoptando las distintas curvas catenarias obtenidas a partir de distribuciones homogéneas de la carga. Para el diseño de la catenaria, se han ido cambiando los parámetros de luz y flecha de la ecuación que la define, en función de las necesidades espaciales de cada recinto.
Dada la forma de esta curva, solo existe esfuerzo axil, siendo este menor cuanto mayor es la flecha. Y se transmite en forma de compresión a los arcos y piezas de apoyo que forman los ejes longitudinales del proyecto.
La catenaria da esbeltez al espacio, permitiendo que la curvatura continúe de suelo a techo y, dada su función autoestable, evita los contrafuertes.





Las cúpulas invertidas cubren los espacios más diáfanos que articulas las circulaciones. La grande, de 18 metros, relaciona el acceso principal con la sala de exposiciones y el auditorio. La cúpula pequeña articula los usos más privados de los científicos. Talleres comedor y residencia.
Al igual que las bóvedas, la geometría de las cúpulas sigue la línea de mínima energía. Una superficie catenaria formada por una lámina de hormigón situada entre dos anillos de hormigón armado. Para la sujeción de la cúpula y evitar la fisuración del hormigón por tracción, se disponen de 16 nervios radiales que forman el postesado de la lámina.
El anillo interior, queda traccionado y abierto al exterior, para que la luz atraviese la sala y la nieve se precipite en su interior. El anillo perimetral queda comprimido y permite filtrar la luz, dando una sensación de ingravidez al espacio.
Se emplea un sistema constructivo desarrollado por la ETH de Zúrich, un encofrado de malla de acero y tela para la construcción de la cúpula, y un encofrado deslizante para las bóvedas. Buscando crear distintas texturas con el hormigón. Entablillado de madera para el acabado de las bóvedas, abujardado para el auditorio y demás paramentos verticales. El resto de texturizados se crean a partir de revestimientos plásticos del encofrado.
El cerramiento vertical se resuelve con un doble muro de hormigón con aislamiento, paños de vidrio de distintos tamaños y una celosía de hormigón armado y bloques de vidrio que filtran la luz.
Por tanto, se utiliza de forma sistemática el hormigón, no solo porque es un material continuo y pétreo, sino porque en su estructura y apariencia ha intervenido el paso del tiempo.



La cota superior del proyecto es la que conecta con el pueblo. Descendiendo por la rampa del patio circular accedemos al edificio y al espacio público que continua por el paseo reformado a lo largo del río. Hasta llegar a la Estación Internacional de Canfranc.
Este proyecto dota de un nuevo significado a este espacio colmado de historia, demostrando el alcance ilimitado que puede adquirir y que se irá desvelando con el paso del tiempo.





Video presentación proyecto Somport_LAB850









